Dactylopius opuntiae

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También conocido en nuestra tierra como “Cochinilla silvestre de las paleras”, este cóccido parásito, llegado desde México, está asolando las chumberas de la Región de Murcia.

Pariente cercano de Dactylopios croccus, una especie muy parecida de la cual se extrae un carmín empleado como colorante natural (E-120) en productos alimenticios y de cosmética.

En cuanto a sus caractéres, las larvas que colonizan nuevas plantas son arrastradas por el viento gracias a unos filamentos céreos que favorecen su dispersión. Los adultos machos tienen alas y vuelan, y aunque no pican a humanos pueden ser bastante molestos debido a su enorme concentración bajo focos de luz artificial en las noches. Las hembras adultas tienen el cuerpo blando y redondeado, son inmóviles y se encuentran protegidas por una masa pegajosa algodonosa.

Puede tener varias generaciones anuales gracias a la corta duración de sus estadíos. Una larva ronda los 20-30 días, el adulto macho 4-7 días y el adulto hembra de 50 a 80 días; en total, los ciclos fenológicos son de 70-110 días para las hembras y 40 días para el macho.

Los ejemplares afectados con esta plaga muestran un claro debilitamiento debido a la succión de su savia, lo que repercute en la calidad y cantidad de la cosecha y puede llegar a matar la planta debido al desecamiento de las palas. Además de esto, se observa la típica masa algodonosa y, al aplastar las hembras de su interior, el tinte rojizo que las caracteriza.

Por el momento, no existe control biológico, de modo que nos agarraremos al control químico y al uso de medidas culturales. Estas últimas son muy efectivas en lugares privados con pocos ejemplares, pues aun siendo algo laboriosas el resultado es muy bueno. Se trataría de arrancar las partes de las plantas afectadas y enterrarlas, y de eliminar las masas con agua a presión o mediante el uso de cepillos.

En cuanto al control químico, debe tenerse en cuenta que las masas algodonosas sirven de refugio y por tanto, dificultan el contacto del producto químico con el insecto, lo que hace que los tratamientos no sean realmente muy efectivos y necesiten algo de periodicidad. Se emplea aceite de parafina mezclado con clorpirifos o azadiractina (según la zona, pues la primera sustancia es bastante nociva mientras que la última es poco tóxica para humanos). Estos tratamientos deben realizarse con la aparición de los primeros síntomas.

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