Estimulantes vegetales

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Los estimulantes vegetales son consumidos hoy día por millones de personas, los más conocidos son el café, el té, el mate, el cacao, el guaraná, el betel, el cat, la cola y la coca. Salvo cat y coca, las demás tienen como alcaloide estimulante alguna metilxantina (cafeína, teofilina, teobromina) en diferentes concentraciones, que van del 1% al 10%, según la especie y la variedad.

Estas plantas suelen consumirse varias veces al día durante buena parte de la vida, lo que no implica que dejen de tener sustancias tóxicas, con abundantes efectos secundarios.

El posee más potencia estimulante que el café, pero suele pasar desapercibido porque en Occidente las hojas se consumen sin moler y rara vez esperamos la dilución de todo su principio activo en el agua. La cafeína de una taza de té ronda los 70 mg, mientras alcanza los 100-150 mg en una de café. Los efectos de una alta intoxicación crónica quedan presentes en los catadores profesionales de té, que padecen tasas anormales de cirrosis y un cuadro de insomnio, agitación, temblor, angustia, náuseas y vómitos.

El mate posee un contenido en cafeína algo inferior al té. El guaraná tiene hasta 3 o 4 veces más cafeína que este último. La nuez de cola, estimulante africano por excelencia, tiene aproximadamente la misma proporción de cafeína que el té. El betel, consumido masivamente en India e Indonesia, posee una potencia equivalente a la del té. El cacao contiene una proporción bastante menor de metilxantinas; aunque era empleado el México como estimulante, los chocolates actuales conservan una escasa proporción de estos alcaloides. El cat es la planta con mayor poder estimulante entre las conocidas; sus alcaloides poseen afinidades con la anfetamina y parecen ser causa de trastornos en la potencia sexual de usuarios inmoderados. La coca es un estimulante dos o tres veces menos activo que el cat, con un notable poder nutricional adicional.

Es llamativo que los muy distintos pueblos empleen estas plantas para combatir desgana laboral y, en no pocos casos, mala alimentación. También es curioso que no se conozca un solo caso de sobredosis mortífera. Lo mismo que el tomador de coca, el de betel o cola pasan buena parte del día mascando, a distintos ritmos, sus respectivos bocados; cuando llevan varios años, las dosis pueden ser docenas de veces mayores que al comienzo, pero incluso entonces se encuentran al abrigo de intoxicaciones agudas y efectos secundarios graves.

Por tanto, puede decirse que los estimulantes vegetales llevan en sí cierto germen de moderación, gracias al cual el usuario jamás convierte un suave tónico en un abrasivo del sistema nervioso.

BIBLIOGRAFÍA:

Escohotado, Antonio (1997): Aprendiendo de las drogas. Usos y abusos, prejuicios y desafíos.

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