Capnodis tenebrionis

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Conocido vulgarmente como gusano cabezudo, este escarabajo representa una plaga muy importante en los frutales de hueso, afectando especialmente a albaricoquero (Prunus armeniaca), melocotón (Prunus persica), ciruelo (Prunus domestica) y almendro (Prunus dulcis) y a otros árboles forestales como el chopo (Populus sp).

Su nombre común se debe a la forma de la larva, un gusano ápodo, de color hueso, con mandíbulas oscuras y con el primer segmento de su tórax bastante abultado, lo que da la impresión de ser “cabezón”. Puede llegar a medir más de 6 centímetros.

El adulto es un escarabajo negro, con manchas grises y que se caracteriza por ser muy duro, con un tamaño de unos 3 o 4 cm.

Pasa el invierno cerca del árbol, siempre en estado adulto. Al llegar la primavera sube a las copas de árboles, donde se alimenta de los jóvenes brotes que están saliendo. Durante el verano, la hembra realiza las puestas en el suelo, cerca del cuello y raíces del árbol. A las 2-3 semanas de la puesta estos huevos eclosionan y las larvas nacidas se dirigen a las raíces, donde ya se encuentran larvas del año anterior, que pasarán el invierno en forma de adulto y subirán a las copas en primavera, repitiéndose todo el proceso descrito. Cada generación dura 2 años.

En cuanto a los daños creados en los frutales, el más destacado es el que realizan las larvas en las raíces, pues van excavando galerías en dirección ascendente, lo que debilita enormemente al árbol, que disminuye su producción y puede llegar a morir. Como se ha descrito anteriormente, los adultos atacan a los brotes tiernos.

Las medidas de control biológicas consisten en el uso de nematodos del género Steinermena. Se aplican mediante riegos en primavera y verano. Al parecer, estos infectan al escarabajo y le provocan la muerte.

Existen también ciertas medidas culturales que permiten mantener a raya al insecto. Al ser una plaga de secano, es fácil reducir las poblaciones aumentando la frecuencia de los riegos. También pueden labrarse los suelos, de modo que se dificulte la puesta de huevos. La colocación de plásticos bajo el árbol en época de puestas dificultará estas. Se hace totalmente necesaria la eliminación de pies muertos o gravemente heridos, pues constituyen un lugar ideal para el desarrollo de nuevas larvas.

Los tratamientos químicos sobre larvas consisten en la aplicación de clorpirifos al suelo antes de que las nuevas larvas penetren en las raíces, es decir, entre junio y julio, en función del clima. Para los adultos se emplean clorpirifos, imidaclopir o piretroides, preferiblemente en septiembre, cuando hayan emergido los nuevos adultos, pues, aunque pudiese aplicarse el tratamiento en junio, así se evita la contaminación de los frutos. El tratamiento en junio sólo sería recomendable en caso de grandes ataques.

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