Uva de mesa

La uva fue uno de los primeros cultivos realizados por el ser humano para su consumo. Se conocen muestras de semillas cultivadas durante el período Neolítico en yacimientos arqueológicos de Suiza, Italia y tumbas faraónicas del Antiguo Egipto. Los expertos localizan el origen del cultivo de la uva en las orillas del Mar Caspio, dispersándose hacia el resto de Europa a través del comercio Mediterráneo. El desarrollo de las plantaciones de uva sería extendido por la civilización romana.

Al igual que con otros productos, serían los españoles quienes llevaron la uva al continente americano, extendiéndose rápidamente. En la actualidad, este cultivo se encuentra por todas las regiones cálidas del mundo y sus mayores productores son Australia, Sudáfrica, Europa y América.

En España existen provincias que tradicionalmente han copado el cultivo de uva de mesa en los mercados nacionales e internacionales, son Almería, Murcia y Alicante.

Es un cultivo exigente en calor, sensible a fuertes heladas invernales y a heladas de primavera, por lo que lo hace óptimo para la parte cálida de las zonas templadas. No solamente el calor es necesario para la foliación y la fecundación, sino que también la maduración exige una temperatura y una insolación suficientes.

La profundidad, la textura, la estructura y la composición química del suelo tienen una influencia directa en el desarrollo del sistema radicular y, en consecuencia, en el vigor y la productividad.

La profundidad determina la capacidad de colonización de las raíces e induce un potencial de desarrollo. Los suelos profundos, provistos de reservas asimilables y de agua, son propicios a una gran producción; por el contrario, los suelos superficiales, pobres y sin reserva hídrica son generalmente favorables a la calidad.

La textura y las propiedades químicas del suelo, con excepción de algunos casos particulares, no parecen tener una influencia determinante.

El desarrollo del cultivo, su rendimiento y la calidad de sus racimos dependen estrechamente de las condiciones de su alimentación en agua y la calidad de esta.

BIBLIOGRAFÍA

Región de Murcia digital. Uva.

Luís Hidalgo, Tratado de viticultura.

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Control de plagas y enfermedades en agricultura ecológica

En la agricultura ecológica se trata de mantener los daños de plagas y enfermedades por debajo del nivel en que el rendimiento es reducido de forma significativa. Esto se logra evitando las condiciones que las favorecen como el monocultivo, el uso de variedades uniformes e inadaptadas y la utilización de fertilizantes químicos. Por tanto, desde la Agroecología se propone, como primer paso importante, establecer las condiciones contrarias a través de la introducción de biodiversidad (material vegetal adecuado, setos, policultivos, rotaciones) y del mantenimiento de la fertilidad del suelo (aplicación periódica de materia orgánica compostada). En este último caso, es de destacar que la fertilización orgánica ha demostrado ser capaz de reducir los problemas de enfermedades, como las ocasionadas por hongos del suelo (Phytium, Fusarium, Rhizoctonia, Phytophthora, etc.) y por nematodos, incrementando la población y actividad de fauna auxiliar.

En el caso de que las condiciones preventivas no sean suficientes, está autorizada la utilización de productos de origen vegetal, mineral, microbiano, trampas y fauna auxiliar aceptados por la normativa de producción ecológica. Son numerosos los productos utilizables, por lo que se van a mostrar a continuación únicamente algunas características de aquellos más relevantes en el control de plagas y enfermedades

a) Productos de origen vegetal

Es cada vez mayor el número de especies vegetales de las que se conocen sus efectos nocivos (tóxicos, repelentes…) contra los fitófagos o seres vivos que se alimentan de plantas. Algunas de ellas pueden prepararse y utilizarse de forma casera, pueden adquirirse en el mercado e incluso asociarse a las plantas cultivadas. Destacan el neem, la cola de caballo, la ortiga y el crisantemo.

b) Productos de origen mineral y mezclas

Los más usados son el jabón potásico (sustancia obtenida mezclando grasas, generalmente de origen vegetal, e hidróxido potásico, que actúa por contacto solubilizando determinadas sustancias orgánicas, como la capa protectora de algunos insectos), los derivados del cobre (actúan por contacto perjudicando a muchos tipos de hongos y bacterias, inhibiendo su desarrollo; aunque su uso ha de ser precavido, pues puede tener efectos negativos en las plantas) y los derivados del azufre (principalmente usado para tratamientos contra oidio y ácaros).

c) Productos de origen microbiano

Muy usados son el Bacillus thuringiensis (Bt) (bacteria que genera unas toxinas que paralizan el sistema digestivo; así, los insectos intoxicados dejan de alimentarse y mueren), Beauveria bassiana (hongo que se desarrolla sobre el cuerpo de insectos, penetrando en su interior y provocándoles la muerte) y distintos tipos de virus.

d) Trampas

Existen numerosos tipos de trampas, tanto caseras como comerciales, que se usan con distintos objetivos en la horticultura ecológica: para evaluar el nivel de las poblaciones de insectos, para realizar capturas masivas o para dificultar la reproducción.

e) Fauna auxiliar

Hay una gran cantidad de enemigos naturales que se pueden adquirir para el control de muchas plagas como mosca blanca pulgones, cochinillas, araña roja, etc. En cualquier caso, no debe olvidarse que el establecimiento de biodiversidad (setos, cubiertas vegetales y asociaciones) puede contribuir al desarrollo y mantenimiento de esta fauna auxiliar en la finca.

BIBLIOGRAFÍA:

Manual de Buenas Prácticas en Producción Ecológica, MARM

Biodiversidad

Este concepto fue acuñado en 1985 en el Foro Nacional sobre la Diversidad Biológica de Estados Unidos por Edward O. Wilson (1929 – ), entomólogo de la Universidad de Harvard y prolífico escritor sobre el tema de conservación, que tituló la publicación de los resultados del foro, en 1988, con el nombre “Biodiversidad”.

Según el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), esta consiste en la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; incluye la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas (artículo 2 del CDB).

Existe una enorme interdependencia entre todos los seres vivos y los factores que pueblan un hábitat, de modo que cualquier alteración de alguno de estos, por pequeña que sea, modificará tanto al ecosistema como a los habitantes del mismo. De esta forma, no es arriesgado concluir que la pérdida de biodiversidad equivale a una pérdida de calidad en nuestra vida, y en caso extremo, podría acarrear nuestra extinción como especie, pues las distintas especies estamos completamente adaptadas al medio en que nos desarrollamos, y un pequeño cambio en él conllevaría la desaparición del hábitat, con sus terribles consecuencias. Esta alteración del medio es, en la enorme mayoría de veces, provocada por el ser humano gracias a talas de bosques, construcciones en el litoral costero, incendios provocados, grandes obras públicas, caza indiscriminada, desarrollo industrial, contaminación, cambio climático, etc.

Se considera que desde el siglo XVII se han registrado por lo menos 717 especies animales y 87 especies vegetales como extintas, debido a una pérdida acelerada de la variedad genética, de especies y de ecosistemas. Si incluimos las extinciones causadas por el ser humano antes de 1.600, el número se eleva a más de 2.000 especies extintas. Actualmente, más de 17.000 plantas y animales se encuentran en riesgo de tener el mismo destino (The IUCN Red List).

A nivel mundial, entre la lista de especies extintas durante los pasados 400 años destacan el dodo (Raphus cuculatus) de la Isla de Mauricio, la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas) del mar de Bering, la quagga (Equus quagga quagga) de Sudáfrica, el lobo de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) de Australia y el alca gigante (Pinguinus impennis) de las costas del Atlántico.

En España no somos menos, hay 1.221 especies y subespecies de flora extintas o amenazadas, según la Lista Roja de la Flora Vascular española de 2008, en cuyas páginas se incluyen 72 taxones más en peligro que en la anterior publicación de 2000. En el caso del reino animal, se ha producido la desaparición de especies como el bucardo (Capra pyrenaica pirenaica), la cabra montés portuguesa (Capra pyrenaica lusitanica)o la foca monje (Monachus monachus).

BIBLIOGRAFIA

http://www.biodiversidad.gob.mx

Frankliniella occidentalis

Estos pequeños tisanópteros, conocidos vulgarmente como trips de las flores, afectan a un gran número de especies, tanto ornamentales, como hortícolas, como frutales.

En su ciclo de vida es posible distinguir dos estados: larva y adulto. El primero es similar al adulto, aunque carece de alas y es de un color blanquecino. El segundo es amarillento – marrón y tiene dos pares de alas plumosas acabadas en punta.

Tiene múltiples generaciones anuales, como siempre, en función de las condiciones que encuentre, llegando a adulto a los 10 o 15 días de la puesta de huevos. En las plantas perennes permanece todo el año activo, mientras que en las caducas pasa la época de fríos resguardado en las hierbas espontáneas que crecen en los cultivos.

Se alimenta tanto del polen de las flores como del contenido de las células de hojas y frutos, de modo que afecta a la polinización y crea decoloraciones en las zonas de succión. Además, es un importante vector del TSWV (virus del bronceado del tomate).

Como medidas culturales, se recurre a la colocación de trampas azules y a la eliminación de hierbas en las que pueda resguardarse.

Hay un elevado número de depredadores capaces de luchar contra esta plaga. Destacan: Orius sp., Macrolophus caliginosus, Nesidiocoris tenuis o Aeolothrips.

Los controles químicos dependen de la especie vegetal a tratar, pues las materias activas autorizadas son distintas para cada una. Todas estas intervenciones deben ir precedidas de un muestreo que las justifique al superar determinados umbrales de población.

El clavel

Su nombre científico es Dianthus caryophyllus y pertenece a la familia de las Cariofiláceas. Es posible encontrar dos tipos de clavel, el monoflor y el mini.

Los claveles monoflor son híbridos procedentes de cruces de clavel SIM (de origen americano) y NIZA (procedente del mediterráneo). Los americanos tienen una mejor adaptación al cultivo en invernadero, su flor es de buena calidad, sus hojas grandes y abundantes, sus tallos rectos, largos y de buena consistencia y es posible encontrar una amplia gama de colores; por el contrario, son muy sensibles a los cambios del clima y a ataques de Fusarium. Los mediterráneos son más rústicos y tienen una alta tolerancia al ataque del hongo Fusarium.

El clavel mini produce más de 5 flores por tallo y dispone de una enorme variedad de colores. Son plantas más pequeñas y rústicas, de modo que su cultivo al aire libre es bastante sencillo.

Los colores más demandados en el mercado son blanco, amarillo, naranja, rosa, rojo y mezclas; sin embargo, es el azul tintado el que alcanza mayor precio.