Plagas, definición y fundamentos

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No existe ningún criterio objetivo por el que una especie en concreto sea una plaga. El concepto de plaga es totalmente antrópico y lo aplicamos a cualquier especie que nosotros, los humanos, consideremos indeseable. Así, utilizamos este término para referirnos a aquel organismo que compite con nosotros por alimento, vivienda, vestido, placer o salud.

Una característica común a todas las especies plaga es pues que sólo se encuentran en sistemas modificados por los humanos, como áreas urbanas o agroecosistemas, mientras que en el medio natural éstas se convierten simplemente en especies consumidoras. Sin humanos, no hay plagas. En el caso particular de las plagas de importancia agrícola, nos encontramos con especies que se alimentan, viven, o utilizan para construir sus nidos, plantas (o más frecuentemente, alguna parte de esas plantas) que nosotros utilizamos como comida, fibra, madera, o por su valor ornamental.

Por qué una especie fitófaga se convierte en plaga: una característica que suele ser común a todas las especies plaga es el hecho de haber escapado al control natural que sus enemigos naturales ejercían cobre ellas. Lo puede haber ocurrido por distintas razones:

– Porque la especie plaga ha sido introducida, o ha invadido por sus propios medios, una zona previamente no colonizada por este organismo. Éste es el caso de las plagas exóticas o introducidas, que no suelen ir acompañadas en su expansión por sus enemigos naturales de origen.

– Porque la especie plaga ha sido estimulada por la existencia de recursos abundantes y permanentes, situación característica de los agroecosistemas modernos en que la especie fitófaga se encuentra con una zona de cultivo en que su alimento se encuentra en gran cantidad. Éste sería el caso típico de una plaga de tipo r.

– Porque la especie fitófaga ha sido liberada de los factores que la controlaban y regulaban. Éste es el caso típico de fitófagos secundarios que explotan tras tratamientos insecticidas poco selectivos, más tóxicos para sus enemigos naturales que para ellas mismas.

– Por haberse producido algún cambio o mutación en el organismo que lo hace invulnerable a sus enemigos naturales, ya sean éstos cambios de comportamiento, bioquímicos (encapsulación), etc.

– Por haberse producido cambios en las actividades o los hábitos de los consumidores. Esto suele ocurrir con los umbrales de tipo cosmético, en que nuestra tolerancia hacia la especie plaga es demasiado baja como para que los enemigos naturales puedan mantener la población del fitófago por debajo de ese umbral,  así como con especies de importancia cuarentenaria, en el que los umbrales de tolerancia son cero.

BIBLIOGRAFÍA

Jacas y Urbaneja (2008). Control biológico de plagas agrícolas.

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