El suelo, técnicas de cultivo

Queda demostrado que la mejor técnica en cuanto al uso del suelo en cultivos es la que consiste en mantener las calles con hierba natural, o en defecto sembrada, a la que se darán cortes durante los ciclos de cultivo, junto con una banda totalmente limpia en las filas de los árboles (esta se mantendrá a base de herbicidas o labores).

Para lograr que los insectos polinizadores no acudan a las flores de las malas hierbas en vez de a las de los frutales, es necesario segar antes de la floración de nuestro cultivo.

El mantenimiento de la hierba de las calles mediante siegas permite obtener refugio a la fauna útil, es decir, a insectos depredadores de potenciales plagas.

Toda cubierta vegetal, tanto natural como artificial, es útil para mejorar las características del suelo, pues aumenta en gran medida la materia orgánica y los microorganismos, favorece la infiltración del agua y reduce la compactación, erosión y competencia de malas hierbas.

Esta técnica de cultivo es especialmente recomendable en:

  • Frutales, vid y olivo en parcelas con pendiente.
  • En regadío, como cubierta permanente segada periódicamente.
  • En secano, como cubierta invernal, eliminándola en primavera y verano.

Para un correcto manejo de las cubiertas vegetales hemos de valorar la competencia con el cultivo por el agua del suelo la incidencia sobre determinadas plagas y enfermedades, el aumento del riesgo de heladas por irradiación, etc.

Como norma general, hemos de detener el crecimiento de la cubierta cuando el cultivo comienza la extracción de agua en primavera. Esta labor se realiza mediante siegas y procurando mantener siempre limpia la banda de suelo bajo el cultivo.

No es recomendable el uso de esta técnica en suelos pedregosos, en secano cuando no hay posibilidad de eliminar la cubierta verde en verano y en plantaciones muy jóvenes o en zonas donde ocurren con frecuencia heladas de irradiación y no es posible mantener desherbada una banda suficientemente ancha bajo los árboles.

Como ejemplo, en Aragón, en los cultivos leñosos de secano semiárido, son recomendables las cubiertas de cebada, centeno y veza + avena. En zonas más húmedas se pueden emplear también las de trébol blanco, alfalfas enanas y festuca elevada (Festuca arundinacea). Las crucíferas sembradas (tipo colza) o naturales (Liviana blanca) pueden ser utilizadas en suelos con tendencia a la compactación.

Fuentes consultadas: Centro de Sanidad y Certificación Vegetal del Gobierno de Aragón.

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El suelo se agrieta en el Valle del Guadalentín

http://www.laverdad.es/murcia/v/20121110/comarcas/grieta-metros-aparece-saladar-20121110.html

http://www.laverdad.es/murcia/v/20121018/region/tierra-abre-esparragal-20121018.html

Incendios, terremotos, lluvias torrenciales, grietas en la superficie terrestre… parece que el fin del mundo se acerca, ¿será cierta la teoría maya?, ¿acabará el mundo el 21 de diciembre?

Por el contrario de lo que parece, este no intenta ser un texto alarmista, simplemente pretendo llamar la atención sobre la memoria histórica de nuestros mayores.

Tras la grieta aparecida en la pedanía lorquina de El Esparragal, de 1,5 kilómetros y de hasta 5 metros de profundidad, esta vez ha tocado el turno a otra localidad del Valle del Guadalentín, Totana. De momento tiene 300 metros de longitud y alcanza una profundidad de 2 metros en algunos puntos. El Ayuntamiento ha solicitado la presencia urgente de técnicos del Instituto Geológico y Minero de Murcia para evaluar la “sorprendente” aparición de esta grieta…

Pocas horas después de conocer la noticia, he sacado el tema de la grieta de Totana en una conversación con un agricultor mayor de la zona, intentado proponer un tema de conversación que le generase sorpresa.

¿Sorpresa?…

Sorpresa la mía cuando me ha respondido como el que enseña las vocales a un niño. La conversación fue algo así:

  • Mira, esa zona (El Saladar de Totana) ha estado siempre llena de grietas en la tierra, cuando yo iba a regar por allí el agua siempre se acababa colando en los agujeros y era muy difícil dar suministro en el lugar adecuado.
  • Pero yo nunca he visto esas grietas allí, y dicen que ha aparecido hoy.
  • Esa grieta ha estado ahí toda la vida, y no es la única que hay, solo que las taparon cuando labraban los campos y ahora con las lluvias vuelven a aparecer.

Mi conclusión: la respuesta a muchos de nuestros problemas se encuentra más cerca de lo que pensamos.

Profundidad del suelo

Una profundidad menor de 0,5 metros es inviable para una plantación de frutales. Una superior a 1,5 tampoco es adecuada, pues podrían aparecer raíces pivotantes que afectarían al equilibrio de las plantas.

La determinación de la profundidad de un suelo se hace mediante calicatas que deben superar el metro y medio. Es interesante realizarlas en invierno, pues permite observar la capa freática. Se realizaría el número de calicatas necesario para no falsear la apariencia de la parcela.

El medio edáfico puede perjudicar el crecimiento de las plantas por diversos factores:

  • Mecánicos: presencia de roca madre o de un horizonte petrocálcico y muy compactado a escasa profundidad, que hace que las raíces no puedan expandirse de modo natural.
  • Químicos: aparición de un horizonte salino o muy calizo, fitotóxico para las raíces.
  • Fisiológicos: falta de oxígeno en las raíces que provoca asfixia radicular. Podría ser debido a un alto nivel freático.

Algunos de ellos tienen soluciones más o menos prácticas y costosas:

  • Un horizonte compacto o petrocálcico podría romperse con labores profundas de subsolado.
  • Altos niveles freáticos pueden ser subsanados con la instalación de redes de drenaje.

Sin embargo, la presencia de roca madre u horizontes salinos o calizos a poca distancia de la superficie no tiene solución.

Densidad real y densidad aparente

La densidad real viene dada por la relación existente entre el peso de los sólidos del suelo y el volumen de los mismos, no incluye el volumen de poros. Su valor siempre es de 2,65g·cm-3.

La densidad aparente se define como el peso de los sólidos del suelo por unidad de volumen total o aparente del mismo. Es un parámetro que debe ser determinado in situ.

En un suelo fino la densidad aparente es menor, ya que hay más arcilla (partículas más finas) y esta retiene más agua, con lo que su volumen total es más elevado.

Efecto depresivo del nitrógeno

Se produce tras la adición de materia orgánica con una relación C/N alta (paja, por ejemplo). Los microorganismos, al necesitar para su crecimiento más nitrógeno del que tiene la materia orgánica aportada, lo toman del medio. Por ello, los cultivos se ven afectados denotando una carencia temporal de nitrógeno. Al evolucionar los ciclos degradativos el efecto desaparece, pero antes, las plantas han visto reducida su producción a menos que se añada nitrógeno.

Puede dar lugar a nascencia irregular, insuficiencia vegetativa y una mayor sensibilidad a parásitos y enfermedades.

Se soluciona aportando la materia orgánica no descompuesta con mucha antelación a la siembra, y favoreciéndola con una buena aireación, aportando nitrógeno al suelo y activadores del proceso de descomposición (fosfatos y carbonatos).

Fertilidad del suelo

Viene determinada por las relaciones que se establecen entre las características físicas, químicas y biológicas del suelo, y podría definirse como la capacidad de este para suministrar agua y nutrientes a las plantas.

El mantenimiento de la fertilidad del suelo es fundamental. Esta permanece constante en caso de que la entrada de nuevos nutrientes compense a las extracciones que se producen.

Uno de los indicadores más precisos para mostrar el grado de fertilidad de un suelo es el contenido en materia orgánica. En términos generales ésta debe encontrarse entre un 2% y un 3%, en función de si se trata de un suelo más arenoso o más arcilloso.

La materia orgánica desempeña numerosas funciones: incrementa la capacidad de intercambio catiónico, regulariza los niveles de disponibilidad de nutrientes, activa la edafogénesis, incrementa el poder tampón del suelo, favorece la formación de agregados reduciendo la erosión al comportarse como un cemento, mejora la infiltración y retención de agua, contribuye a reducir las pérdidas de agua por evaporación, intensifica la aireación del suelo e incrementa la actividad biológica del mismo (favoreciendo el desarrollo de fauna auxiliar y microorganismos que contribuyen a mejorar la nutrición de las plantas y el control de plagas y enfermedades).

También interfieren factores físicos como la textura, la estructura o la porosidad, y químicos  como el pH y la capacidad de intercambio catiónico.